

El higo dulce, suculento y nutritivo se prescribía en la antigua Grecia a los atletas olímpicos. Proporciona energía, minerales y abundante fibra.
Cualquiera que haya disfrutado del aroma de una higuera al atardecer necesitará pocas palabras para comprender que el higo es una fruta única.
Piel suave, pulpa melosa, aromáticamente dulce y con los toques crujientes de sus semillas.
Parecen diseñados adrede por el mejor chef del mundo.
Quizas por ser una fruta tan dulce y jugosa muchas personas creen que tiene muchas calorías.
Pero sus azúcares son naturales (glucosa, fructosa, sacarosa).
Su porcentaje de grasas y proteínas es nimio.
Además de energía (74 calorías procedentes principalmente de los 14 g de hidratos de carbono que se encuentran en 100 g higos frescos, o 249 calorías en la misma cantidad de higo seco) y mucha fibra, los higos aportan minerales como el calcio y el magnesio, especialmente concentrados en el higo seco.
En cuanto a vitaminas, destacan la vitamina K y, en los higos frescos, varias del grupo B, como B1, B5 y B6.
El aporte de fibra (3 g por cada ración de 100 g) es su característica nutricional más destacable, incluyendo fibras solubles e insolubles.
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